Un traductor a veces también es corrector. Te explicamos por qué la corrección de una traducción puede llegar a ser tan importante como la traducción misma.

Seguro que tú también habrás notado, y más en verano, que aparecen muchas faltas de ortografía en periódicos digitales. Cuando nos las encontramos nos preguntamos — ¿Pero es que no hay un corrector en esa redacción? Quizá el fenómeno es más evidente porque la presencia y difusión en Internet de esos medios es muy alta, sin embargo podemos observarlo también en páginas web de cualquier temática o  de cualquier actividad o sector.

La razón más evidente puede ser que esos medios que publican tanto contenido a diario van a toda velocidad, y no reparan en ellas, pero creemos que hay otras razones por las aparecen errores ortográficos con más frecuencia de lo que sería deseable. Seguramente no existe esa figura a la que hacíamos referencia, el corrector. Pensamos, además, que hoy día se hace menos dictado en la escuela y, además, las faltas de ortografía no son motivo inmediato de suspenso, entonces nuestra lengua se va degradando.

Es muy frecuente leer y escuchar expresiones que pasan totalmente inadvertidas porque muchos las han adoptado erróneamente y acaban confundiendo a los lectores o espectadores. Por ejemplo el uso de “cuanto menos” en lugar de “cuando menos”, que es la correcta.

A estas alturas quizá te preguntes por qué te contamos todo esto. ¿Qué tiene que ver un corrector con la traducción?

Mucho, porque siendo el traductor un especialista de la lengua, es prácticamente imposible que una falta de ortografía le pase desapercibida, por eso, a la hora de traducir corregirá el texto traducido, pero como no  va a dejar una falta si la detecta, informará también al cliente de su  existencia en el texto original.

¿Es lo mismo un traductor que un corrector?

De entrada, no existen unos estudios de corrector como tales, mientras que la de traductor es una carrera oficial y reglada. Sin embargo, es cierto que muchos traductores también hacen correcciones ya que hay clientes que tienen un manejo más o menos avanzado del idioma, pero no llegan a estar al nivel de un traductor, por ello, una opción que algunos eligen es que un profesional de la traducción revise su trabajo.

¿Qué pasa cuando un traductor que se dedica a corregir textos traducidos, se enfrenta a errores que le van a impedir hacer un trabajo de calidad?

La reputación es ante todo una herramienta de garantía de cara a los clientes, por eso un traductor no puede permitirse que aquello que realice no esté al 100% correcto.

Y ¿qué hay de los correctores automáticos?

En nuestra opinión la mayoría de las veces complican la vida al que los utiliza porque los resultados suelen ser de mala calidad. Por mucho que aprendan las máquinas sobre el uso del lenguaje, nada como un humano para diferenciar sus matices. ¿O es que nunca os juega el corrector del móvil una mala pasada y ponéis palabras absurdas en la conversación?

Como traductores, amamos la lengua y deseamos conservarla y utilizarla lo mejor posible para nuestros clientes. ¿Nos ayudas?

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